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Quienes le exigieron al Distrito que abriera las puertas a las tecnologías limpias en la licitación para renovar los buses de Transmilenio pueden decir, por ahora, que ganaron una batalla. Hay una alta probabilidad de que, a partir de mediados del próximo año, empiecen a rodar por las troncales vehículos cero emisiones. No obstante, falta un paso clave: la evaluación final, en la que influirán el costo y el apoyo a la industria nacional.

El Distrito comprará 1.400 buses nuevos, de los cuales 458 serán articulados (para 160 pasajeros) y 925 biarticulados (para 250), con una capacidad total para 300.000 personas. Para ello celebrará seis contratos: el del patio de las Américas, que contará con 250 buses; el de la calle 80, con 107; el del Norte, con 229; el de Suba, con 125; el del Tunal, con 422, y el de Usme, con 250. Cada uno contará con una dupla acoplada, conformada por el proveedor de los buses y el operador, que en la mayoría de los casos son las mismas empresas.

Para competir por estos contratos se presentaron siete consorcios, que en su mayoría hicieron propuestas con una particularidad: de los 31 lotes de vehículos que se ofertaron para competir por los seis contratos, en 17 se incluyen sólo vehículos a gas; en 11, a diésel, y en tres, eléctricos. Este cambio, sin duda, se logró gracias a la modificación en la forma de evaluar las propuestas que, de entrada, les da 200 puntos de ventaja sobre los que presentaron sólo propuestas con vehículos diésel. Por eso, lo más llamativo es que cuatro consorcios, entre los que se encuentran varios de los actuales operadores, les apostaron a las tecnologías limpias.

Se trata de Masivo Bogotá, Express del Futuro y SI2018, que competirán por cinco de los seis contratos con buses a gas, y Green Bogotá, que presentó tres ofertas con buses eléctricos. En la lista sigue el consorcio Fca-Sga Alternativo, que ofrece buses a diésel para los patios del Norte y El Tunal, y a gas para los de las Américas y Usme. Por último están los que le siguen apostando exclusivamente al diésel: Bogotá Móvil Provisión, que le apunta a los seis contratos, y un consorcio liderado por la empresa MC Masivo, que pujará por tres contratos (Américas, calle 80 y Usme).

Vale aclarar que, a pesar de la gran apuesta de la mayoría de los proponentes por las nuevas tecnologías, el diésel no desaparecerá. Si bien en la mayoría de los contratos hay pluralidad de opciones, en el caso del patio de El Tunal, que es el más grande y costoso, al concentrar el 30 % de la flota que comprará el Distrito, sólo se presentaron dos consorcios que ofrecieron buses con este combustible. Es decir, mínimo tres de cada 10 buses serán de este tipo.

Posibilidad de cambio

Quienes aspiran a entrar al sistema BRT de la capital se mostraron satisfechos por la forma como quedaron las cartas en el proceso licitatorio. Según Gas Natural, su participación abre otra era para el transporte masivo de Bogotá. “El gas natural es el camino para potenciar el transporte masivo en el país y asegurar el bienestar de la sociedad, por ser un producto que mejora la calidad del aire; es económico, rentable y seguro. Tenemos la experiencia para ser un aliado para el cambio”.

Ante los ojos de expertos en transporte, el simple hecho de renovar la mitad de la flota de TM es una buena noticia para la ciudad, pues habrá una cantidad importante de buses con energías limpias. Para Plinio Alejandro Bernal, analista en temas de movilidad, era imposible la idea de tener una flota 100 % limpia, debido a las condiciones económicas del sistema. “De entrada, para la ciudad es un cambio sustancial que lleguen nuevos buses. Claro que hubiésemos querido que el sistema se modernizara lo máximo posible, pero la ciudad no tiene recursos ilimitados, ni todo está terminado de inventar”.

Bernal agrega que esta renovación es la oportunidad de tener un piloto a gran escala para los vehículos eléctricos. “La llegada de buses eléctricos, muy criticada por la poca experiencia y el futuro de las baterías, servirá para tener un verdadero piloto. Seguirá predominando el diésel, pero con unas condiciones distintas y con una incorporación importante de buses a gas que no se tenía prevista”.

En esto coincide Edder Velandia, experto en desarrollo y cambio climático de la Universidad de La Salle, quien asegura que, sin duda, la sorpresa para el proceso es la oferta de buses a gas. “Es una tecnología Euro VI, que reduce las emisiones de material particulado. Lo que se esperaría es que se pueda tener al menos un 40 % de la flota a gas, teniendo en cuenta el puntaje para tecnologías limpias, y eso es un logro importante para el sistema”.

Según su pronóstico más optimista, al menos la mitad de los lotes serán para esta tecnología y máximo uno será para los buses eléctricos, pues, dice, hubo mucho interés en que hubiera poca participación de este tipo de articulados. “Los eléctricos no estuvieron tan fuertes y era previsible al ponerlos a competir en desventaja. Por eso solamente hubo un oferente, que se presentó a tres patios. Todo esto deja un mensaje claro: sí o sí se debe acabar el diésel, y se puede pensar que las próximas licitaciones del sistema (Séptima, cra. 68, Ciudad de Cali) no tendrán esta tecnología”, remata Velandia.

No obstante, Néstor Sáenz, consultor en sistemas de transporte, considera que todo el proceso licitatorio se ha centrado en el tipo de tecnología de los buses, por lo que afirma que lo que se debería estar discutiendo es si cambiará o no la calidad del servicio. “Se ha hecho énfasis en la tecnología, pero nunca se ha hablado sobre los costos, que son asumidos por el usuario. Esta licitación era la oportunidad para reducir la presión de esos costos. Además de que sigue siendo necesario buscar nuevas fuentes de recursos para el sistema. Cada vez se le ofrece al usuario un sistema más caro y más malo, y hay que buscar que TM sea sostenible, no sólo ambiental sino económicamente”.

Aunque, al conocer que la mayoría de los oferentes se la están jugando por nuevas tecnologías, muchos coinciden en que es una gran oportunidad, otros no tanto. “Con lo que se conoce, es un hecho que los buses con motores de diésel —prohibidos en Europa— van a seguir jugando un papel protagónico en Transmilenio. Esto es grave, porque son altamente contaminantes. Casi la mitad de la flota se ofrece con ese tipo de motor”, dijo el concejal Manuel Sarmiento (Polo).

Para Sarmiento, si algo dejó claro el proceso fue que era innecesario separar la renovación de la flota en dos contratos, uno de provisión y otro de operación, pues al conocer las empresas que se presentaron para comprar los buses, en su gran mayoría son los mismos con dos razones sociales diferentes. La división, al final, generará el aumento de los costos. “A pesar de que el alcalde Peñalosa separó la licitación, lo que se evidencia es que son los mismos los que ponen la flota y los que la operan. Este es un modelo que es más costoso, porque se pagan dos tasas de rentabilidad”.

Evaluación, la hora decisiva

A pesar de este panorama y el optimismo, hay personas que llaman a la calma, pues aún falta un paso trascendental: la evaluación. Aunque los que presentaron ofertas con vehículos cero emisiones tendrán una ventaja del 20 % en la calificación sobre los que ofrecieron buses a diésel, el 70 % del puntaje se asignará dependiendo del costo de la flota y la operación: a mayor valor, menor puntaje.

Y en este punto las diferencias son notorias: mientras un bus diésel puede costar $1.000 millones, el vehículo a gas llega a los $1.100 millones y el eléctrico a $1.800 millones. La evaluación se completará con un 10 %, que se asignará según el apoyo a la industria nacional. Algo que en este punto podría equilibrar la balanza, por ejemplo, para los eléctricos podría ser los costos de operación.

Para realizar la evaluación final, el Distrito aplicará una serie de fórmulas que sólo se podrán despejar una vez se conozca la oferta económica de todos los proponentes, y así establecer si las cuentas cuadran para empezar el reemplazo del diésel por otro tipo de tecnologías en el transporte público. Antes de llegar a este punto, los bogotanos no sabrán cuál será la verdadera transformación que tendrá el sistema.

Alexánder Marín Correa - Felipe García Altamar
(jamarin@elespectador.com - fgarcia@elespectador.com)

 

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Fuente: elespectador.com